Krasi y su Caddy Mk1
Cuando una idea cruza fronteras y se convierte en proyecto de vida
Hay coches que se compran.
Y hay otros que te encuentran cuando todavía no sabes que los estás buscando.
Krasi siempre había sentido debilidad por las pick-up. No por las típicas americanas de gran tamaño, sino por ese concepto más compacto y funcional que mezcla coche, herramienta y libertad. Durante años siguió anuncios en Bulgaria, mirando sin demasiada esperanza… hasta que un día apareció una Caddy Mk1 que, sin saberlo, lo iba a cambiar todo.
El coche tenía buena pinta. Sin pensarlo demasiado, llamó a su padre y le pidió que fuera a verla al día siguiente. La videollamada fue suficiente: bastaron unos minutos para decidir que esa Caddy tenía que ser suya.
El problema era que no podía ir a por ella todavía.
Durante un año y medio, la Caddy se quedó esperando en el jardín de casa de sus padres. Hasta que llegó el momento. Billete de avión, rumbo a Bulgaria y un plan tan sencillo como arriesgado: volver conduciendo sin tener claro en qué estado mecánico estaba el coche tras tanto tiempo parado.
Así empezó la aventura.

Una base sana, pero con otro destino en mente
La Caddy estaba en buen estado general. Según el vendedor, pertenecía a un amigo suyo con el que había restaurado dos unidades a la vez: una naranja y esta azul. La azul iba a ser para su hijo, pero cuando se la regaló, el chaval no quiso saber nada de ella y acabó saliendo a la venta.
El coche tenía un look muy de pick-up de campo: suspensión elevada, estética robusta y la caja trasera completamente forrada en chapa de aluminio. Montaba asientos de Audi A3 8L, demasiado grandes para el conjunto, pero curiosamente perfectos para los más de 3.000 km de viaje de vuelta.
Era una buena base. Pero Krasi lo tenía claro desde el principio: no era el final, solo el comienzo.

Disfrutarla primero, transformarla después
La primera etapa fue sencilla y necesaria.
Llantas Ronal Turbo blancas, faros amarillos y suspensión. Así estuvo aproximadamente un año, usándola, viajando con ella y asistiendo a concentraciones. Aprendiendo del coche y confirmando algo importante: la idea que tenía en la cabeza era la correcta.
El objetivo era claro desde el principio: llevarla hacia un look americano auténtico, bien ejecutado y con sentido. Sabía que no sería fácil. Conseguir piezas, adaptarlas y hacerlo todo con coherencia iba a requerir tiempo, contactos y muchas horas. Pero como suele pasar en vwheelswap, querer es poder.
Amigos, nuevos contactos y piezas que iban apareciendo poco a poco. La segunda fase ya no era estética: era una transformación completa.
Mecánica hecha para usarla, no para mirarla
El corazón del proyecto pasó a ser un motor 1.9 TDI, con toda la instalación realizada a medida. Escape artesanal en inoxidable, frenos de disco traseros, frenos delanteros sobredimensionados, embrague hidráulico, pedal de acelerador electrónico, tuberías de intercooler y radiadores de mayor tamaño.

Todo pensado para fiabilidad, uso real y limpieza visual. El vano motor se trabajó al detalle, buscando un aspecto limpio y ordenado, sin elementos innecesarios a la vista.
La suspensión también se rehízo por completo:
roscada, brazos, trapecios, estabilizadoras, refuerzos y puente trasero pintado sin silentblocks. Nueva línea de freno artesanal. Una base sólida y bien hecha.
Identidad americana hasta el último detalle
Exteriormente es donde la Caddy termina de contar su historia.
Frente Westmoreland Deluxe adaptado, faros cuadrados, luces de posición en aletas, paragolpes americanos de aluminio ancho, ventanillas pequeñas abatibles y una visera Junk extremadamente rara, específica para Rabbit Sport Truck.
Y como pieza clave, la joya de la corona:
el Hard Top en versión americana, importado directamente desde USA. Un detalle que cambia por completo la silueta y eleva el conjunto a otro nivel.

El interior tampoco se quedó atrás. Monta interior americano Westmoreland de segunda generación, con salpicadero completo, instrumentación, botones, paneles y manivelas en versión americana, todo en color azul a juego con la carrocería.

Más que un coche, una sensación
Conducir esta Caddy no va solo de prestaciones.
Krasi lo resume fácil: felicidad.
Es la sensación de ver cómo algo que estuvo años parado sobre cuatro borriquetas vuelve a la vida. De haberlo construido con tus propias manos, de haberlo visto crecer y llevarte a lugares. Para él, subirse a esta Caddy es como hacerlo en su humilde superdeportivo.

Una anécdota que lo dice todo
Entre viajes y concentraciones hay muchos recuerdos, pero uno resume bien el espíritu del coche.
En una ocasión, la policía le dio el alto. No era por nada malo. Simplemente querían verla, charlar un rato y conocer el proyecto. Para rematar la escena, uno de los agentes confesó tener un Mitsubishi Evo.
Coches que conectan personas. Da igual el uniforme.

vwheelswap no va solo de coches
La Caddy de Krasi es exactamente eso:
un proyecto hecho con tiempo, criterio y pasión. Un coche que ha cruzado fronteras, ha sumado kilómetros y ha creado recuerdos. Como los que compartimos cada vez que rodamos juntos.
Porque al final, esto no va solo de coches.
Va de viajes, de amigos y de historias que merecen ser contadas.