El Golf Mk1 ABF de Javi. Una historia de garaje, amistad y pasión VW

Hay coches que empiezan su historia lejos de casa. El MK1 de Javi lo hizo en Palma de Mallorca, escondido entre anuncios de internet, esperando que alguien lo mirase con los ojos correctos. Él llevaba tiempo soñando con un proyecto así: un coche limpio, de origen, para modificarlo a su gusto y sin herencias raras que estropearan el camino. Cuando lo vio, no dudó. Compró el billete, cruzó el mediterráneo y volvió con lo que acabaría convirtiéndose en uno de los coches más reconocibles de nuestros encuentros.

A simple vista, el MK1 parecía sano. Motor 1.3 carburación, todo original, pintura digna… lo típico que te hace pensar: “he tenido suerte”. Pero ya sabemos cómo son estos coches: hasta que no levantas moquetas, desmontas aletas o rascas sellador, no descubres la verdad. Y en este caso, la verdad era una colección de óxidos muy típica de los coches que han pasado su vida en islas. Nada que asuste a Javi, pero sí lo suficiente como para entender que el proyecto iba a ser más serio de lo que parecía.

Y así empezó todo. Con paciencia, herramientas, noches en el garaje y ese espíritu tan nuestro de “ya que está desmontado, vamos a dejarlo perfecto”. Lo que vino después fue una transformación profunda.

Bajo el capó, el pequeño 1.3 dejó paso a un 2.0 16v ABF, radiador de aluminio y una caja de Golf Mk3 diésel, una combinación que convierte a este MK1 en un juguete serio. Suspensión FK regulable, frenos de 280 mm delante, conversión a discos detrás con mezcla fina de piezas entre generaciones, y unas BBS RS en 15” con aros radinox que completan el conjunto estético al milímetro.

Por dentro, Javi se tomó el tiempo necesario para crear un espacio que mezclara deportividad y comodidad: Recaro, salpicadero de Cabrio, marcador de Golf Mk2 y un interior completamente tapizado en piel y alcántara que huele a proyecto bien hecho. Por fuera, el Rojo Tornado de los GTI clásicos lo llena de personalidad, rematado con molduras y aletines en fibra de carbono y unas aletas traseras ensanchadas en chapa que le dan ese punto agresivo sin perder elegancia.

Pero quizá lo más importante de la historia del MK1 de Javi no es lo que lleva montado, sino cómo se montó. Porque este coche no lo construyó solo: lo hicimos entre los tres, como tantas otras cosas. Tornillos, juramentos, cables que no entraban por donde debían y esas noches de garaje en las que se pierde la noción del tiempo. Ahí es donde se forja realmente la personalidad de un coche, y también la de un grupo.

Conducirlo, dice Javi, es libertad. Es la sensación de haber creado algo con tus manos, de llevar un coche que muy pocos pueden tener, no por dinero, sino por dedicación. Y eso se nota cada vez que lo arranca.

Entre todas las anécdotas que acumula, hay una que siempre sale en las conversaciones: aquel viaje a Potes. Un viaje espectacular… que terminó con Javi quedándose sin gasolina. Sí, todos nos reímos —incluido él—, pero en el fondo esas son las historias que hacen que un coche sea más que una máquina. Son las que se recuerdan años después.

Hoy, su MK1 no es solo un proyecto terminado: es parte de la identidad del grupo. Y, sin duda, uno de los mejores ejemplos de lo que significa VWHEELSWAP: coches construidos con pasión, en familia, y con historias reales detrás.

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