l Golf Mk1 de Nacho: cuando un proyecto se convierte en despedida (o no)

Hay proyectos que se buscan durante años y otros que, cuando aparecen, sabes que son ese. Nacho llevaba tiempo entre dos ideas muy claras: un Porsche 944 o un Golf Mk1. Finalmente fue el Golf el que ganó la batalla, no solo por estética, sino porque en su cabeza ya existía el coche que hoy conocemos.

La unidad apareció a unos 550 kilómetros de casa. La distancia no fue un problema: cuando no puedes ir tú, aparecen los amigos. Rafa se encargó de ir a verlo y comprarlo, dando el primer paso de una historia que acabaría siendo mucho más grande que un simple proyecto.

Un punto de partida imperfecto, pero honesto

El coche había tenido en el pasado una preparación estética, aunque cuando llegó a manos de Nacho apenas conservaba una suspensión roscada. La realidad era clara: la carrocería estaba en un estado bastante regular y la mecánica no acompañaba. No era un coche “listo para disfrutar”, sino una base que pedía trabajo, paciencia y decisiones bien pensadas.

Y ahí es donde empezó el verdadero proyecto.

Mecánica con carácter y equilibrio

El corazón del coche es un 2.0 16V ABF, acompañado de colectores de escape, línea completa y un volante motor aligerado. Todo ello unido a una caja de cambios de desarrollo corto, formando una combinación directa, eficaz y muy coherente con el espíritu del Mk1.

A nivel de chasis y estética, el conjunto se completó con BBS RS en 16”, paragolpes metálicos, asientos Recaro de Mk3 tapizados por completo, suspensión roscada V-Maxx y frenos de Golf Mk2 G60. El coche fue pintado por completo, saneando todos los óxidos y sustituyendo absolutamente todas las gomas de la carrocería, cuidando esos detalles que marcan la diferencia entre “restaurado” y “bien hecho”.

Un proyecto de equipo

Aunque Nacho tuvo claro desde el principio cómo quería el coche, gran parte del trabajo se confió a manos expertas. El swap lo realizó Javi, amigo cercano, en su taller Automecánica del Viso. La pintura y los tapizados también se dejaron en manos de profesionales, siendo Tafraworks quien se encargó del interior.

Aquí no hay postureo de “todo hecho en casa”, sino algo más importante: saber rodearte bien para que el resultado esté a la altura de la idea.

Conducir sin filtros

Lo que enamora a Nacho de este Mk1 no son las cifras ni la potencia bruta. Es la sensación de conducir un coche sin ayudas electrónicas, donde todo depende de tus manos y tus pies. El empuje del 2.0, sus 150 CV moviendo apenas 875 kg, convierten cada aceleración en algo visceral, directo y honesto.

Y luego está lo que ocurre fuera del coche: ver cómo tanto los entendidos como la gente que simplemente pasa por la calle se gira al verlo. Esa validación silenciosa de que el trabajo está bien hecho.

Disfrutarlo sabiendo que puede ser el final

Como todo proyecto de este nivel, no faltaron dolores de cabeza, gastos inesperados ni noches sin dormir. Pero hay experiencias que compensan todo eso. Especialmente un viaje reciente a Potes-see, más de 2.250 km, vivido de una forma muy especial.

Porque, aunque el coche nunca estuvo oficialmente en venta, había alguien insistiendo en comprarlo. Y algo dentro de Nacho le decía que debía hacer ese viaje antes de dejarlo ir. Vivirlo. Cerrarlo.

Cuando leas esto, quizá el Mk1 ya no esté en sus manos… o quizá sí, porque a última hora no se atrevió a soltarlo.
Con algunos coches pasa eso: no sabes si los construyes para disfrutarlos o para aprender que hay cosas que cuesta demasiado dejar atrás.

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